lunes 1 de enero de 2007

Todo es culpa de los franceses…

…que inventaron la expresión esa de “après-ski”. Formigal, fin de año de 2006, Chef, Chiquitín y un servidor (Ryan). Terminado el esquí del día 31, que como el día anterior y como casi siempre lo dimos todo esquiando como si hubiese sido el último de nuestras vidas, con lo que estábamos fundidos, cayeron por cabeza las dos jarras de medio litro de cerveza de rigor, es decir, el famoso “après-ski”, pero que con el cuerpo que llevábamos tuvieron un efecto bastante más intenso de lo normal. Vamos, que llegamos al hotel a las siete y media con un globo espectacular.

Después de recuperarnos un poco con las duchas, bajamos al salón-bar del hotel para tomar unas Coca-colas antes de la cena, y comenzó el surrealismo. Allí estábamos todos los huéspedes del hotel, que era ante todo muy familiar, mirándonos como si estuviésemos en el proceso de selección de “Operación Triunfo”. En un momento dado me fijo en la puerta del comedor contiguo, y veo un esquema del mismo, con las mesas numeradas. Al lado una lista con los números y los comensales correspondientes, y al lado del 6 ponía: “Sra. Raquel Malo y Sr. Chef”. Descojone de los tres, pero cierto nerviosismo que tuve que disipar describiendo la mesa como “prometedora”. Poco después veo en la puerta que detrás de la barra del bar daba a la cocina un diploma a nombre del dueño que certificaba su participación en el curso AUDIOVISUAL “La nueva cocina vasca”. Sin comentarios, pero grandes esfuerzos por contener las carcajadas.

Finalmente la dueña nos pide que pasemos al salón. Para empezar, dos de las mesas estaban ocupadas por los dueños, sus hijos, el hermano del dueño y su familia. Muy familiar todo, ya lo dije. Nos sentamos a la mesa 6 y conocimos a Raquel y su novio Isaac, que eran precisamente los que estaban en el bar a nuestro lado un rato antes, y que nos habían oído deshuevarnos sin pausa. Eran de un pueblo de Huesca y habían decidido pasar la Nochevieja en el Valle de Tena, no habiendo encontrado sitio más que en Formigal, pero que no esquiaban ¿?. Más surrealismo. No eran muy habladores, pero a la postre resultaron simpáticos. Chiquitín asumió el papel de animador de la mesa, y con las anécdotas consiguió dejar claro lo descerebrados que somos, pero ellos no se asustaron, lo que tiene su mérito oye.

Menú de la cena:

Aperitivos fríos y calientes:

- Jamón ibérico de bellota

- Paté de foie trufado al Pedro Ximénez

- Croquetas de jamón y de atún

Sorbete de tortilla de patata

Crema de carabineros

Merluza con salsa de fabes con almejas

Solomillo de buey con cebolla confitada y salsa de queso de cabra

Milhojas de manzana y almendra

Vino: Viñas del Vero Blanco y Tinto

Cava

Surtido navideño

Uvas de la suerte

Cotillón

Hubo gran expectación acerca de si un servidor (Ryan) iba a comerse hasta el cotillón, peor lo pantagruélico del banquete hizo que cayera el mito, que se dejó la mitad del solomillo…

A los postres siguió el reparto de las bolsas de cotillón, que desembocó en lluvia de serpentinas y el concierto más desafinado de trompetillas que he escuchado nunca, peor que en una guardería.

A la hora de las uvas Chef acabó con el poco prestigio que le quedaba proponiendo que después de cada uva había que dar un soplido a la trompeta. A la tercera campanada ya estábamos soplando por la nariz y a la quinta, con las trompetas atascadas con la pulpa de las uvas, ya no éramos capaces de soplar, de hablar, de comer uvas ni de nada más que desencajarnos de risa.

Chiquitín en un momento de descuido le coloca tres uvas extra al padre de la familia de la mesa de al lado. Terminadas las campanadas el padre comenta: “Nunca consigo terminarlas, mira, esta vez sólo me he comido nueve…”

Suenan fuegos artificiales en el exterior del hotel. Salimos todos, invitados y empleados a celebrar el año nuevo, y los cocineros forman un corro y comienzan a entonar cánticos de los UltrasSur…definitivamente estamos en un universo paralelo…

Pasamos los huéspedes al salón-bar del hotel, reconvertido en local de copas. Nos invitan a la primera. El hermano del dueño, que es su fotocopia, es el que pone la música. Me hago colega del mismo y al cabo de un rato me encuentro dentro de la recepción del hotel pinchando música.

Mientras bombardeo con los éxitos de los 80 el yerno del padre tragauvas hace trucos de magia para alucine del personal.

El mencionado padre de familia en un momento de euforia se arranca a bailar y una de las hijas le dice” Perooooo páááááápaaaaaaaaaa…………”. El hombre se deshincha como un globo, se arruga y queda postrado en su taburete cual guiñapo. Nunca será el mismo…

A las 3:30, con tres o cuatro copas encima., la música se corta y nos encontramos rodeados de la familia cebolleta (menos el padre) y de nuestros compañeros de mesa. Todos nos miran y nos dicen: “Y ahora, ¿a dónde vamos?”

Vamos todos a uno de los garitos de Formigal. Chiquitín queda enganchado en una conversación con el mago, Chef no deja de mirar su copa y de preguntarse por qué está siempre llena y yo termino bailando un pasodoble con la madre, que se ha apuntado a las copas. Dejamos de vernos. Dejamos de ver nada, rezumamos alcohol…

No contentos con nuestro pedo decidimos terminar de envenenarnos en la discoteca de atmósfera irrespirable. Algunos incautos aún nos siguen. No sabemos cómo llegamos allí ni como conseguimos llegar al hotel.

En la cama a las siete de la mañana. A las siete y media tres borrachos invaden la habitación creyendo que es la de unas tías. Chef los echa y acto seguido echa lo que le quedaba en el estómago…

A la mañana siguiente emotiva despedida de la familia cebolleta, y Chiquitín como un campeón se hace el viaje de vuelta a Madrid con resaca y sin paradas.

Una vez más, nos comportamos como si fuera a acabarse el mundo al día siguiente…empezamos el año más bien perjudicados…y todo por culpa de los franceses…

2 comentarios:

Ichin dijo...

Se hace saber... Q esta entrada del blog es de Ryan y no del que suele escribir... a él las críticas y referencias...

pepe dijo...

esta en perfecta sintonia y da el perfil.....